El lenguaje degradado de la política y la información
Parece que cada vez se va degradando más el lenguaje utilizado en política e información, y sobre este peligro de manipulación y degradación de las palabras advierten los estudiosos del tema: el filósofo Eugenio Trías, la novelista y académica Ana María Matute, el poeta y filólogo Juan Antonio González Iglesias, el escritor Luis Landero y el escritor Claudio Guillén.

El lenguaje se está degradando. Así lo cuenta un reportaje de Winston Marnrique que publica El País "La crispación destroza el lenguaje". Y analizándolo se llega a la conclusión es una realidad diaria que impregna tanto la prensa escrita como los informativos y tertulias radiofónicas o televisivas.

Cuenta el reportaje que "verdad, golpista, nazi, bobo, revolución, progre… son algunas palabras saqueadas", y al respecto Luis Landero comenta que hay políticos que no leen ya que

"si leyeran serían mejores tahúres lingüísticos".

Eugenio Trías habla de carencias culturales y educativas básicas.

Algunas declaraciones de políticos, en su afán de apoderarse del lenguaje terminan por devaluarlas, desgastarlas, desprestigiarlas y degradarlas como se dice en este reportaje.

Juan Antonio González Iglesias apunta en este rotativo que

"Ese abuso de las palabras es una caja de los truenos que no ha debido abrirse porque rompe el consenso del lenguaje, sobre el cual tenemos que estar de acuerdo todos. Un lenguaje fundamental en la vida política, pero, por esa misma razón, obligado a ser riguroso y respetuoso”.

Luis Landero se queja de que los sustantivos y adjetivos se utilizan en contextos inaceptables y dan lugar a una situación que surge de un clima de injurias y descalificaciones permanentes

"que han dado origen a un campo semántico donde todas las palabras se relacionan y suelen emparentar de manera inadecuada”.

Eugenio Trías atribuye este degradación del lenguaje


"a la falta de cultura y a una utilización banal de términos que tienen un sentido preciso en su contexto, pero que fuera de él lo único que denota son carencias culturales y de educación básicas. ¡Una ignorancia muy atrevida!".

Los políticos se escudan en el argumento de que es un habla popular que todos los ciudadanos entienden, pero ésta no es excusa dado que funcionan como altavoces para la sociedad, y tanto ellos como los periodistas deben tener en cuenta la obligación de respetar la significación de las palabras, el idioma, el contexto y la exactitud de los que se dice, como viene a decir trías y Landero en el reportaje.

La novelista y académica Ana María Matute siente tristeza ante esta situación que va en aumento y apunta que

"Muestra la poca importancia que se da al uso de las palabras y del lenguaje. Debe pensarse más lo que se dice. No se puede decir todo de la manera como se está haciendo. Hay que hacerlo con las palabras precisas, y el español tiene una para cada acción, sentimiento o momento. Es una pena que se esté destrozando una lengua tan bonita. Me siento muy incómoda".

Pobreza

Los cinco intelectuales coinciden en la pobreza a la que da lugar la degradación del lenguaje. Aseguran que

“lo que se vive desvela el poco bagaje de léxico y de imágenes ingeniosas”.

Landero comenta que


"Los discursos de los políticos son muy pobres desde todos los puntos de vista, empezando por el pensamiento cuya visión de las cosas empobrece el mensaje. Son unidimensionales. De parvulario. Y a un mensaje pobre corresponde una forma de expresarlo igual".

Trías se queja de que

“proliferan los insultos más banales y con menos carga informativa y cognitiva en todos los grupos políticos. Insisten en querer ser ingeniosos pero no lo son en absoluto".

Claudio Guillén dice que se están desgastando los conceptos esenciales


"Es lo que un chulo llamaba la poligamia de las palabras. Chulería que se explaya en el debate de los partidos políticos, sobre todo en la mezquindad sistemática de la oposición. Piensen en tres vocablos: cultura, identidad y nación. La cultura origina una promiscuidad terrible, desde su sentido más íntimo y personal hasta el hispanocentrismo del ministerio y los usos y costumbres de los papúes".

Los peligros del lenguaje

Landero advierte de las triquiñuelas y perversiones del lenguaje.

"Porque el lenguaje no es inocente. Puede matar y es muy peligroso. Y ahora se está intentando socavarlo, sobre todo desde la derecha, y están logrando su desgaste y abaratamiento".

La situación no es la mejor. En eso estamos de acuerdo, pero ¿cómo atajar este problema?

Trías lo tiene seguro

"¡Cultura, cultura y cultura, y educación por parte de todos! De Gobierno y oposición. Porque la materia pendiente es el sector educativo y cultural".

Gonzalez Iglesias advierte de la importancia de que la sociedad vuelva a escuchar a sus intelectuales y escritores.

Landero aconseja una reforma educativa:

"Es una manera de abandonar esa pobreza intelectual donde hay políticos que sólo muestran su cultura de revista y de libros de autoayuda. Si leyeran serían mejores tahúres lingüísticos".

Insidia, unidad, amoral, asesino, gentuza, compromiso...

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